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    Misión Kilimanjaro 2026: Una ascensión compartida

    Constance Viandier

    En junio de 2026, un equipo de reservistas emprendió el ascenso al Kilimanjaro con seis militares heridos en servicio y un objetivo que iba mucho más allá del desafío físico.

    En la siguiente entrevista, Constance Viandier, líder de la expedición, explica cómo surgió la misión, el proceso de preparación y por qué fue tan importante para sus miembros. A medida que cambiaban las condiciones del entorno, el grupo pudo enfocarse por completo en el desafío gracias a las chaquetas de Millet y las botas de Meindl de la marca GORE‑TEX®. 

     

    1. Hace poco más de un año, ¿qué le inspiró a iniciar este proyecto en apoyo a los militares heridos en servicio y qué significa para usted a nivel personal?

    En el verano de 2024, varios compañeros de la ESORSEM (Escuela Superior de Oficiales de Reserva) y yo nos propusimos aumentar la concienciación sobre un tema muy importante para nosotros: los militares heridos en servicio.
    Nuestro propósito era mostrar nuestro agradecimiento a estas personas que tantos riesgos han asumido por nosotros ofreciéndoles nuestro apoyo en la consecución de un exigente reto deportivo.

    Por lo tanto, decidimos que el 15 de junio de 2026 emprenderíamos una ascensión al Kilimanjaro con seis militares heridos. Con casi 6.000 metros de altitud, esta cumbre está considerada el techo de África.

    A nivel personal, era muy consciente de que la expedición conllevaba un enorme compromiso sin ninguna garantía de éxito. Sin embargo, se trataba de uno de esos retos de la vida que sentía la necesidad de aceptar.

     

    2. ¿Cómo explicaría el objetivo de esta expedición a una persona que jamás haya oído hablar de ella?

    Desde 2010, unos 3.400 militares franceses han resultado heridos, física o psicológicamente, en misiones en el extranjero o en el territorio nacional.

    La atención sanitaria que brindan las Fuerzas Armadas francesas abarca desde el teatro de operaciones hasta la reintegración. Este enfoque multidimensional está liderado por el Servicio de Salud Militar (SSA) y respaldado por la unidad de apoyo a los heridos, así como por otras entidades como la Terre Fraternité, la Asociación de Veteranos de Guerra Ciegos y con Lesiones Auditivas, Les Gueules Cassées y el Bleuet de France.

    Tras la evacuación y el tratamiento médico en Francia, el proceso de recuperación también implica el deporte, que forma parte del ADN de un soldado. Para facilitar su reintegración en la sociedad, las personas deben recuperar la confianza, tanto psicológica como socialmente.

    Dentro de este contexto, queríamos aportar nuestro granito de arena alineando la expedición con el Plan 2023-2027 para los Militares Heridos del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

    El principal objetivo era brindar a seis militares heridos la oportunidad de subir a la cumbre más alta del continente africano con el fin de ayudarles a restablecer la confianza en sí mismos y facilitar su reintegración en la vida militar o civil. Nuestra condición de reservistas, a caballo entre ambos mundos, nos da una posición privilegiada para impulsar este proyecto.

    Una vez superado el desafío, el segundo objetivo era dar mayor visibilidad a los militares heridos en servicio y concienciar a la población sobre su causa.

     

    3. ¿Por qué una expedición de alta montaña constituye una herramienta tan potente para fomentar la confianza en uno mismo y la resiliencia?

    Este proyecto ofrece tres ventajas importantes para la recuperación.

    En primer lugar, un entorno extraordinario e inspirador: tras aterrizar en Tanzania, un país que inspiró tanto a Karen Blixen como a Ernest Hemingway, avanzamos por un bosque habitado por los monos azules, atravesamos páramos salpicados de senecios gigantes, cruzamos un desierto alpino y, finalmente, alcanzamos un glaciar en la cumbre de un volcán con vistas sobre la sabana. Pocas experiencias hay con un efecto tan reparador como contemplar un paisaje tan singular e imponente.

    En segundo lugar, aunque no es necesario ser alpinista profesional, se trata de una travesía muy exigente. Para llegar a la cumbre se requiere determinación. Por un lado, hay que superar las dificultades asociadas a la altitud (a 5.500 metros, la presión de oxígeno se reduce a la mitad); además, la fatiga se va acumulando día tras día. Por otro lado, para cumplir el objetivo, hay que perseverar.

    Por último, se trata de una travesía en grupo. En otras palabras, los retos son compartidos y la cohesión se convierte en una fuerza impulsora. El humor también ayuda a no perder la perspectiva ante las dificultades. Los vínculos que se crean en unos pocos días al enfrentar adversidades de forma compartida son lazos fuertes y poderosos que ayudan a superar la sensación de aislamiento.

     

    4. ¿Cuáles fueron los principales retos organizativos y de seguridad en la preparación del grupo?

    En esta expedición, al igual que en mi vida civil, desempeñaba la función de líder de proyecto. Era la responsable de organizar la logística del viaje y de asegurar el buen desarrollo de la travesía.

    Antes del viaje, debía comprobar que los 19 participantes cumpliesen con todos los requisitos administrativos, físicos y médicos necesarios y que dispusiesen de todo el material.

    Sobre el terreno, contamos con un equipo cualificado y experimentado formado por un guía por cada tres participantes, dos porteadores por persona y varios cocineros.

    El riesgo principal durante la expedición era el mal de altura porque no íbamos a permanecer el tiempo suficiente a gran altitud como para que el cuerpo se aclimatase, sobre todo para que aumentaran los niveles de hematocrito.

    Es normal sufrir dolores de cabeza y ello puede ser un indicio de aclimatación incompleta. Hasta los alpinistas experimentados pueden padecer el mal de altura, del mismo modo que un marinero profesional también se puede marear. El problema es que el mal de altura puede ser grave y provocar edema pulmonar o cerebral.

    Durante el ascenso, debía asegurar que el grupo avanzase a un ritmo más lento, sobre todo los participantes más atléticos, y enseñarles a conservar la energía y a evitar los esfuerzos intensos. También me aseguraba de que todos estuviesen bien hidratados, algo imprescindible para la adaptación.

    Además, llevaba un botiquín médico completo, con botellas de oxígeno y una cámara hiperbárica portátil.

     

    5. ¿Qué es lo que más le impresionó de los participantes?

    En primer lugar, su fuerza de voluntad. No hay muchas personas que se atrevan a viajar a la otra punta del mundo superando sus límites físicos y que estén dispuestas a levantarse a la una de la madrugada a 5.000 m de altura con el fin de coronar una cumbre de casi 6.000 m a temperaturas bajo cero.

    Me llamó la atención la diversidad de perfiles y trayectorias del grupo, tanto en la vida civil como dentro de las fuerzas de reserva.

    Las historias de los seis participantes heridos destacan por su resiliencia y por su capacidad de recuperación, tanto en el plano psicológico como profesional. Recuerdo la pasión de un participante por la apicultura, una especialidad que ahora enseña a los niños de los pueblos colindantes al suyo.

    También me impresionó mucho el espíritu de equipo: la cohesión, la perseverancia durante las largas jornadas de travesía, la capacidad para superar los desafíos de la altitud durante el camino, el apoyo mutuo y, sobre todo, el sentido del humor.

     

    6. ¿Qué espera que el equipo se lleve de esta experiencia, más allá de haber alcanzado la cima?

    Además de haber cumplido el objetivo de subir a la cima, espero que hayan aprendido que los retos más ambiciosos se superan juntos.

    Para el equipo de reservistas que acompañó a los seis militares heridos, escalar el Kilimanjaro fue mucho más que un mero logro deportivo. Esta expedición demuestra que la solidaridad, la confianza y el apoyo mutuo ayudan a superar obstáculos que son imposibles de vencer a nivel individual.

    Por otro lado, espero que recuerden que el éxito no solo significa llegar a la cima. Los momentos de duda, el esfuerzo compartido, el apoyo mutuo y saber adaptarse a las dificultades también forman parte del éxito. Por regla general, las experiencias compartidas suelen ser los recuerdos más duraderos.

    Espero que todo el grupo sienta una confianza renovada en sus propias habilidades y que entienda que los éxitos más importantes son los vividos colectivamente. La cima marcó el final del ascenso, pero las lecciones aprendidas a lo largo del viaje les acompañarán durante mucho tiempo.

     

    7. ¿Qué significó contar con el apoyo de la marca GORE-TEX® en esta misión, tanto desde un punto de vista práctico como simbólico?

    Para escalar el Kilimanjaro no se necesitan muchos conocimientos técnicos, pero sí es importante ir bien equipado. Es esencial ir ligero para reducir los efectos de la altitud, pero las temperaturas oscilan entre los +25°C en la selva (a menudo con lluvia) y los -25°C cerca de la cima (a veces con tormentas de nieve). Por eso es necesario llevar un equipamiento que sea versátil y ligero a la vez.

    Y la marca GORE-TEX® es todo un referente. Para mí, es sinónimo de calidad; es una marca que siempre ha estado presente en mi material de esquí y montaña, en las tiendas de campaña, etc.

    Jamás pensé que una marca de renombre internacional estaría interesada en un proyecto tan modesto y relativamente desconocido como este. Para mí ha sido un honor y un placer trabajar con el equipo de Gore.

    La marca GORE-TEX® proporcionó a cada participante una chaqueta y unas botas. Por lo tanto, los 19 miembros del grupo emprendimos la expedición con equipamiento nuevo y de alta calidad.

    Además de ofrecer una imagen muy profesional —que no pasó desapercibida— llevar la misma equipación fomentó la cohesión y el espíritu de grupo durante la expedición.

    Todos nos sentimos muy agradecidos por el apoyo brindado por la marca.

     

     

    8. ¿Hasta qué punto es importante contar con una equipación fiable para un desafío así?

    Contar con un material técnico fiable aumenta la confianza y la concentración durante la expedición, sobre todo cuando encaras un ascenso que requiere resistencia, ligereza y precisión.

    En un entorno en el que el terreno, la temperatura y la humedad son variables, llevar un equipo fiable reduce la incertidumbre y te permite concentrarte en el reto.

    Este es el caso de la chaqueta GORE-TEX®, una prenda imprescindible para llevar siempre en la mochila. Y las botas también son esenciales para la prevención de lesiones. Además, su impermeabilidad y transpirabilidad ofrecen una protección y un agarre eficaces. Aunque el grupo recibió las botas poco antes de partir para la expedición, todos los participantes quedaron impresionados con su ligereza y flexibilidad.

    Constance Viandier

    Ingeniera en Ciencias de la Vida y Medioambientales, oficial de la reserva

    Ingeniera en ciencias de la vida y del medio ambiente, oficial de la reserva y apasionada por la aventura y la naturaleza, Constance está especializada en la organización y el liderazgo de expediciones a gran altura.

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